El campo de croquet de La Reina

Alicia observaba como unos jardineros estaban pintado unas rosas blancas con color rojo un poco nerviosos, pues en vez de `poner un rosal rojo lo habían puesto blanco, y si La Reina se enterase les cortaría la cabeza.

Poco después llegaba el cortejo con diez soldados de bastos, diez cortesanos, diez infantes, luego los invitados y, entre ellos estaba el Conejo Blanco, la Sota de Corazones, y al final venían El Rey y La Reina de Corazones. Al pasar por delante de Alicia, la Reina le preguntó como se llamaba y si sabia jugar al croquet.

La-Reina-de-Corazones

Juego-de-croquet

Al principio, la mayor dificultad que encontró Alicia fue manejar al flamenco. Consiguió sujetarle bastante bien el cuerpo bajo el brazo, con las patas colgando, pero, generalmente, cuando ya había logrado que estirarse el cuello, este se doblaba y la miraba a la cara, con una expresión tan confundida que Alicia no podía evitar la risa, y cuando por fin había logrado bajarle la cabeza e iba a empezar de nuevo, era muy molesto ver que el erizo se había desenrollado y se marchaba arrastrándose.

Cunado volvió donde estaba el Gato de Chesire, se sorprendió al ver una gran multitud a su alrededor: el verdugo, El Rey y La Reina estaban discutiendo, hablando todos a la vez, mientras los demás permanecían en silencio y parecían muy inquietos. En el momento en que Alicia apareció, los tres le pidieron que resolviese la cuestión y le repitieron sus respectivos argumentos, aunque, como todos hablaban la mismo tiempo, le resultó muy difícil averiguar exactamente lo que decían. 

Frank Adams (1912)

Frank Adams (1912)

Jerrod Maruyama (2010)

Jerrod Maruyama (2010)

Anne Julie Aubry

Anne Julie Aubry

Mabel Lucie Attwell (1910)

Mabel Lucie Attwell (1910)

Millicent-Sowerby (1913)

Millicent-Sowerby (1913)

Júlia Sardà (2013)

Júlia Sard

La Reina, encontraba cualquier excusa para cortar cabezas, mientras ordenaba a Grifo que acompañase a Alicia con la Falsa Tortuga, para que le explicara su historia.

Aunque Alicia, pensó que aquella criatura era muy rara no se atrevió a desobedecer las ordenes de La Reina y siguió a Grifo.

Quizás así, las cosas volverían a ocurrir de forma normal.

“Un Hada, una maleta y ... ¡polvos de Hada! Si queréis cuentos, contactad conmigo.

— La maleta de la Lili

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