La hora del té

Alicia siguió las indicaciones que le había dado el Gato, y no tuvo que caminar mucho para encontrar la casa de la Liebre de Marzo. Era una casa tan grande, que tuvo que volver a comer un trozo de la seta que tenia en su mano creciendo dos pies de altura. Entonces se acercó tímidamente.

En una mesa grande estaban apiñados La Liebre de Marzo, el Sombrerero y el Lirón que dormía profundamente entre ellos. Alicia, viendo que había sitio de sobra se sentó en la mesa lo que despertó protestas entre ellos, y cuando empezaron los acertijos supo que se divertirían.

La hora del té

La Liebre de Marzo cogió el reloj y lo miró apesadumbrada; luego lo metió en su taza de té y lo miró otra vez, pero no se le ocurrió nada mejor que de decir, así que repitió su primera observación: “Sabes que era la mejor mantequilla”.

Alicia había estado observando por encima de su hombro, con gran curiosidad. “¡Que reloj tan divertido!”, exclamo. “Dice el día del mes, pero no dice la hora”

“¿Por que tendría que ser así?”, murmuró el Sombrerero. “¿Es que tu reloj dice el año?”

“Desde luego que no”, replicó Alicia inmediatamente, “pero eso ocurre porque estamos en el mismo año durante mucho tiempo seguido.”

“Que es justo el caso del mío”, dijo el Sombrerero.

Alicia estaba terriblemente confundida. La observación que había hecho el  Sombrerero parecía no tener significado, pero sin duda estaba construida correctamente. “No lo entiendo muy bien”, añadió de la manera más educada que pudo.

Peter Newell (1901)

Peter Newell (1901)

Arthur Rackham (1907)

Arthur Rackham (1907)

Mabel Lucie Attwell (1910)

Mabel Lucie Attwell (1910)

Rene-Cloke (1943)

Rene-Cloke (1943)

G. W. Backhouse (1951)

G. W. Backhouse (1951)

Anthony Browne (1988)

Anthony Browne (1988)

Angel DOmingues (1996)

Angel DOmingues (1996)

Lisbeth-Zwerger (1999)

Lisbeth-Zwerger (1999)

Alison Jay (2006)

EeAlison Jay (2006)

Se inician de nuevo los juegos de palabras acompañados por el cambio de silla continuamente hasta que indignada por un comentario del Sombrerero, Alicia se aleja.

De nuevo, la sala con la mesa de cristal y la llavecita dorada. Alicia mordisqueó la seta pudiendo atravesar un pequeño pasillo y encontró por fin el precioso jardín.

¿Habrá llegado Alicia a su destino?

 

“Un Hada, una maleta y ... ¡polvos de Hada! Si queréis cuentos, contactad conmigo.

— La maleta de la Lili

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