La profesión de quien cuenta cuentos

Es curioso como algunos artículos que se han publicado en otras webs pasan un poco desapercibidos y, de repente te acuerdas de aquella web, la vuelves a abrir para descubrir temas que te hacen pensar y reflexionar.

Hoy, quiero compartir con vosotros un documento que Arnau Vilardebò había propuesto para la reflexión del colectivo y que sirviera para crear el “Cesto deontológico de quien cuenta cuentos“. Y, que fue publicado en la web de AEDA.

cuenta cuentosTened presente este Cesto deontológico a la hora de explicar cuentos, que empieza así:

  • Sea cual sea el número de cuenteros nunca se suspenderá una función por falta de público mientras no haya un número de espectadores inferior a uno.
  • El trabajo del contador empieza como acomodador. La colocación del público es problema del que actúa. Arquitectos, organizadores y gestores de espacios son a menudo muy ignorantes o poco sensibles al tema. Arremángate y coloca las sillas a tu gusto. Es un excelente calentamiento. Si actúas a pie de plano piensa que, en sillas, a partir de la fila tres te ven fatal. Un semicírculo algo estirado te dará mucho espacio para actuar y buenos ángulos de comunicación con el público.
  • Antes o después dirás del cuento de quien es.
  • No contaras un cuento que no te sabes profundamente. Intentarás ser consciente de los posibles mensajes de tu cuento. Pero seguro que hay quien encuentra uno nuevo. Vigila que no te acumulen arquetipos del comportamiento del pasado. Yo personalmente odio: “la mujer más bonita del mundo” y “palacios todo de oro” (que aparte de ser feos seguro que son fríos).
  • A tu voz no le des una coz. Habla con tu voz. No imites los doblajes del cine y de la tele: no soples sobre las palabras. No pienses en la voz, piensa en el cuento.
  • Cada espectador que no haya recibido tu mirada se va sin ella. Tu mirada debería por lo menos un par o tres veces, o tres pares de tres veces, por la mitrada de cada espectador. Nunca olvidarás un ángulo de la audiencia. Analiza ” si eres de derechas o de izquierdas” o si te clavas en el centro o … siempre miras al fondo ( donde en realidad no miras a nada ni a nadie).
  • No aceptes el murmullo. A veces el murmullo empieza cuando no se te oye bien. A veces cuando tienes el micro demasiado alto.
  • A causa de las costumbres familiares frente a la tele las nuevas generaciones no conocen el susurro para comentar algo. No desaproveches la ocasión de enseñar a los jóvenes la existencia de ese tan especial registro sonoro.
  • En un lugar de copas, tolerancia cero al gritón de la barra.
  • El micro inhibe la participación espontanea del público. Cuenta con ello si pretendes una cierta interacción.
  • Siempre tendrás claro por qué cuentas: para que te quieran, ara poder comer, para ligar, porque te sientes fatal si no lo haces, porque eres un incontinente de la palabra, porque te cuentas encima, porque quieres dar tu punto de vista del mundo que te rodea …
  • Respetarás el arte-profesión de contar cuentos. si te ganas la vida de otra manera, por lo menos no revientes los precios.
  • Regala tu trabajo sólo cuando tengas la sensación de que realmente eres un invitado en una fiesta compartida o por lo que tu creas que es una buena causa. Desconfía del “te va servir de promoción”.
  • Al que te diga que cobras mucho pregúntale si tiene sueldo fijo con Seguridad Social, o catorce pagas anuales y con vacaciones.
  • Si puedes, no des clases. intenta vivir de tus actuaciones. O por lo menos intenta conseguir, que no es fácil, que el alumnado se convierta en espectador asiduo. Hay mucho alumno que va cursos de terapia, para que le escuchen y al que simplemente no le funciona el oído. desconfía del alumno (o cóbrale el doble) que se apunta a tus clases sin haberte visto actuar.
  • Cuando seas espectador intenta dejar la iniciativa de la risa al resto del público. Pero … puedes ayudar un poco si ves que el público va perdido.
 Muchas gracias Arnau Vilardebò

 

 

 

 

“Un Hada, una maleta y ... ¡polvos de Hada! Si queréis cuentos, contactad conmigo.

— La maleta de la Lili

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